lunes, 20 de abril de 2009

Mi ultimo Aliento By Liz

Mi último Aliento
By Liz

Crédito: Nuevamente dejo aclarado desde el principio que los personajes no son míos, sino de Stephanie Meyer y su compañía Editorial.

Sumario: Cada crimen tiene una historia, cada secreto una verdad, cada elección tiene un precio. Cuando se trace la línea ¿de qué lado estarás? La línea que separa el bien del mal, lo justo de lo injusto, al cazador de su presa va a ser cruzada.

Espacio Temporal: Justo Después que Bella llega a la plaza a detener a Edward, Libro Luna Llena.

Prologo

Volterra – Italia
Bella

Nos tenían uno frente al otro a una distancia corta pero para mi era enorme, sólo verlo atado con grilletes en sus muñecas era la escena más macabra jamás imaginada. Mi amado Edward permanecía impertérrito mirándome fijamente, tratando de controlar el terror que seguro estaba sintiendo, trataba de infundarme valor con sus miradas, pude ver que hacia un esfuerzo sobre humano para suavizar su expresión de tortura. Fue en ese minuto al contemplar la lúgubre habitación donde estábamos que me pregunte ¿Cómo habíamos llegado a esto?, analice nuestra situación por medio segundo, miré a mi alrededor y el panorama no era alentador.

Estábamos rodeados por vampiros, todos allí reunidos con un solo propósito ser ministros de fe, para mi tan solo eran convenientes testigos mirando como se ejecutaría la sentencia que habían impuestos los Volturi. ¿Unirse o morir? Había sido la pregunta hecha por Edward, y ahora estábamos conociendo la respuesta.

Mi cuerpo temblaba, al principio pensaba que era el acto reflejo o la consecuencia del terror que estaba sintiendo, después me percaté que hacia demasiado frío en aquella habitación, estaba congelándome, pero no debía preocuparme no moriría congelada eso era seguro. Miré aquellos ojos rojos como el fuego, estaban satisfechos, flameaban de orgullo, él me dedico una sonrisa de victoria. Yo había sido la causante de todo esto, y pagaría mi precio. La ley los reclama había dicho a su hermano.

Como hubiera deseado que hubiéramos evitado esta situación, como hubiera deseado no enamorarme de mi Edward, maldecía una y otra vez haberme cruzado en su camino, pero ya era demasiado tarde para arrepentimientos, tendría mi oportunidad de redimirme cuando el espectáculo comenzara. Aunque no sabía que estaban planeando, ver a mi amado atado me daba una pequeña idea, él sería testigo como los otros de mi muerte.

Ambos estábamos atados, yo en un mástil, él con cadenas al suelo, uno en cada lado, pero al centro de la habitación. Estábamos parados sobre un suelo de piedra, donde se dibujaba una circunferencia y al medio había una pequeña ventanilla parecida a un desagüe, con que objeto estaría puesta ahí me pregunte.

De pronto las vocecillas se acallaron, y vi como Jane, se acerco a mi a paso solemne, levanto su rostro angelical mirando a su maestro – nuestros verdugos – he hizo una pausa macabra, con aquellos labios voluptuosos y carmesí me dedico una sonrisa maquiavélica de aquellas que sólo una Volturi podría dar. Sus ojos flamearon alegría, y para cuando adivine sus intenciones fue demasiado tarde.


Advertí como saco de entre sus prendas un objeto metálico, que resplandeció al contacto con la luz de la luna que se escabullía por las ventanas, mis ojos se abrieron expectantes mientras veía el objeto acercarse peligrosamente a mis brazos que permanecían atados sobre mi cabeza. El filo de la navaja destello en mis ojos, haciendo que por un momento tuviera que apartarlos de su contacto. En ese momento busque los ojos de Edward, aquellos líquidos y hermosos ojos dorados, como el oro. Y le pedí perdón con la mirada, si tan solo hubiera llegado unos minutos antes y lo hubiera detenido, esto no estaría pasando. Perdóname le gesticule y lagrimas comenzaron a caer de mis ojos, viajaron por mis mejillas y sentí como cayeron al suelo cuando terminaron de recorrerlo. Él negó con su cabeza sin quitarme la vista de encima, no había nada que perdonar.

Sentí como Jane se puso frente a mí de un ágil movimiento, sus ojos estaban frente a los míos, y denotaban el más amargo júbilo que nunca había visto antes. Rozo con sus dedos mi rostro, lo recorrió hasta llegar a mi cuello, aparto mis cabellos, y se acerco a mi oído donde susurro: Qué disfrutes la cena mi querido Edward… y luego se separo guiñándome el ojo. Trague saliva en un acto reflejo y desesperado, constante por fin que había llegado mi hora, hoy me convertiría en el verdugo de mi amado.

De pronto sentí un escozor y un frío que calo hondo en mi interior, sentí como mi piel se rasgaba al contacto de la navaja y como de la herida comenzaba a borbotear una tibia sustancia y sentí como corría por mis brazos, gire mi rostro a un costado para contemplar en todo su esplendor aquel rojo y exquisito líquido escurrir haciendo un camino por mi piel translucida. Fue entonces cuando con pánico supe las intenciones de Cayo, no sólo me mataría sino que haría que él lo hiciera. Todo tiene un precio mí querido Edward y tú vas a conocerlo en toda su magnificencia. Habían sido sus palabras al dictar su veredicto.


Todo comenzó a tener sentido, las imágenes se sucedían unas a otras, el rostro de mi amado Edward cuando me había conocido aquel día en el laboratorio de biología, su rostro de enojo y desesperación cuando me acerque hasta el pupitre para sentarme a su lado, sus continuos forcejeos, aquellos ojos negros mirándome como si quisiera devorarme. – Jamás había deseado tanto la sangre de un humano como la tuya… eres como una heroína para mí, eres perfectamente mi tipo de heroína – había dicho en más de una oportunidad, mi muerte sólo era detenida por su autocontrol, pero jamás había estado expuesto a mi sangre de esa manera. Ahora estaba frente mí, un sediento Edward, yo su amada bañada en sangre, la sangre más tentadora que él había olido en siglos. De pronto todas las piezas comenzaron a encajar en ese diabólico plan.

Mire sus ojos desesperada cuando sentí el otro corte, pero él permanecía con su cabeza agacha, cuando me sintió dar un gemido la levanto y pude ver sus facciones, eran las mismas de aquella vez, estaba luchando, mi amado Edward trataba de luchar por contener su sed. Al principio cuando habían pasado tantos días pensé que tal vez ellos se habían apiadado de nosotros, pero ahora entendía lo que estaban esperando, estaban esperando que él estuviera tan sediento, para presentarme a mi en bandeja de plata como la solución. Las relaciones entre humanos y vampiros no deben darse, mucho menos una relación tan fuerte como la de ellos. Había espetado Marco, durante nuestro juicio.

Vi con terror como las cadenas de sus brazos se aflojaron de tal manera que estaba completamente libre de abalanzarse sobre mí. Jane se acerco a Edward que permanecía en el suelo arrodillado. Vi como levanto su vista tomando de su pelo y tirando su cabeza hacía atrás – Que la disfrutes – le susurro acercando la navaja a su cara pero éste la empujo lejos aullando de una forma desgarradora.

- ¡No!

Corrió desesperado hasta las enormes puertas que custodiaban la salida de aquel lugar, y las golpeo una y otra vez pero estas no se abrieron. Había un silencio sepulcral en la habitación y levante mi vista a donde se encontraba Cayo, Marco y Aro mirando la ejecución - Por favor… detenlos - le suplique a Aro quien evito mi mirada y se retiro de la escena sin emitir palabra alguna, era el único que no estaba de acuerdo con nuestra sentencia.

Edward se giro a mirarme desesperado, trataba de mantenerse lejos de mí, tenia su espalda puesta contra la pared y sus manos le ayudaban a encontrar el camino mientras se deslizaba de un lado a otro como león enjaulado. Sus ojos estaban tan negros que incluso podía reflejarme en ellos. Traté de soltarme pero solo ayude a que la sangre saliera con más fuerza y más rápido. Tiré en un intento vano, pero no había manera que pudiera soltarme de aquellas cadenas, si seguía sangrando a ese ritmo moriría al cabo de unos pocos minutos más. Desangrada.

- ¡Por favor Cayo… no me hagas esto… no hemos hecho nada malo… te lo suplico!. Grito desesperado cayendo al suelo donde miro hacia las alturas y levanto sus manos.
- Debes elegir Edward, ella no puede permanecer como humano más tiempo… sabe demasiado… Puedes verla morir o convertirla. Tú eliges.
- ¡Sabes que no podré detenerme! gruño apretando sus dientes que se sintió como el golpe de dos rocas.

Hubo un breve momento de silencio que fue interrumpido por el latido frenético de mi corazón, mi respiración era pesada y comencé a sentir que no podía permanecer de pie por mucho más tiempo, de seguro era el efecto de la hemorragia. Estaba desangrándome, y no había nadie que pudiera detenerlo. De pronto enfoque desesperadamente mis ojos en él, empecé a pedir que levantará su vista para poder observarlo una vez más, ver aquellos hermosos ojos dorados que me habían cautivado, pero él permanecía con sus ojos cerrados, tenia su cabeza entre sus manos, estaba arrodillado como un niño pequeño, trataba de ocultarse, de ocultarse de lo que estaba sucediendo. Sabía que su autocontrol estaba a punto de terminar, estaba luchando con todas sus fuerzas por no acercarse a mi, pero por otro lado también quería terminar con esta agonía – Edward por favor – le suplique y mi voz se quebró, sólo había una alternativa y era él quien tenía la solución para parar mi sufrimiento, me estaba acercando peligrosamente a un punto sin retorno, uno del que ni él podría salvarme.


- Morirá si no lo haces. Instó Marco mirándolo expectante.
- ¡No puedo!… Bella… no podré detenerme… es demasiado… mi garganta quema demasiado… – comenzó a decirme a medida que se acercaba a mi, estaba perdiendo la batalla.

Mi instinto de supervivencia se activo y como en piloto automático, mis pies comenzaron a tratar de quitar mi cuerpo de mi predador. Sus ojos se hacían cada vez más negros, más profundos y cuando vi que su mirada se torno dura y fría, sus palabras se vinieron a mi mente: como si pudieras detenerme, como si pudieras escapar, como si pudieras tener alguna oportunidad, me había gritado en el claro al mostrarme lo que él era. Irónicamente estaba a punto de comprobar de primera mano de lo que mi amado Edward era capaz.

No alcance a pestañar cuando ya estaba frente a mi, pude ver que no era él, no era mi Edward quien estaba frente a mí, su mirada estaba perdida, inmersa en algo más, si apostaba todo lo que tenía que su mente y su espíritu estaba con el llamado de la sangre, ganaría de seguro. Él estaba con el liquido que corría como un río sin cause por mis brazos, se acerco a ellos y sentí como la olía, era como ver a un alcohólico disfruta el olor de su vaso antes de deleitarse con el contenido. Mi corazón comenzó a latir menos fuertes, y serena me rendí, acabaríamos como ellos lo habían planeado desde el principio.

Su aroma exquisito invadió mi sentido del olfato cuando se aproximo y sentí su halito cerca de mi boca. Sentí como sus labios rozaron mi cuello, como lo habían hecho cuando yo le había pedido que me convirtiera: Estas lista para morir. Me había dicho, yo había entregado mi cuello voluntariamente aquella noche, Aquí y ahora había preguntado dudosa que él fuera a cumplirme el deseo. Aja. Contesto él, pero en esa oportunidad solo conseguí su frío beso en mi cuello. Hoy conseguiría conocer el dolor que me inflingirían sus dientes cuando diseccionara mi piel como filosas navajas untando mantequilla. El final se aproximaba a pasos agigantados, sujeto mi cuello firmemente, no hubo duda ni cavilación estaba desesperadamente succionando mi sangre, cada gota, cada ultima parte de mi ser.

Cuando mi corazón se detuvo el quito su boca de mi cuello separándose, y mi cuerpo cayo pesado al suelo frente a sus pies, lo único que impedía que estuviera totalmente en el suelo eran las cadenas que me mantenían sujeta al mástil que había oficiado de prisión. Sus ojos ocres se tornaron de un color rojo intenso y entonces supe que él se había ido para siempre.

- ¡¡¡No Edward… no!!! Chillo histérica de entre la multitud Alice, quien era contenida por Demetri. ¿Cómo habíamos llegado a esto me pregunté?



Capítulo Uno: Pienso que estoy ahogándome, asfixiándome. Y quiero quebrar el hechizo que has creado en mí.


Ocho Meses Antes.
Edward



No podía sacarme de la cabeza aquella fatídica noche en Forks ocho meses atrás, la noche en que todo se había derrumbado, sin piedad las imágenes se sucedían una tras otra, era como si hubiera sido ayer cuando veía la sangre en su dedo, de pronto los ojos enfebrecidos y hambrientos de Jasper sobre ella y todo mi mundo derrumbarse como una torre de naipes, en cuestión de segundos. La decisión de dejarla ir, aquella maldita decisión estaba ahogándome de la manera más torcida que jamás había imaginado y era cada día mas difícil de manejar, particularmente hoy la idea de dejar todo e ir por ella rondaba mi mente como un maleficio del que no podía escapar, sin duda estaba a punto de perder mi batalla personal entre la razón y el corazón para mantener la promesa que le había hecho: Será como si nunca hubiera existido. Pero se lo debía, ese era el precio por haber osado enamorarme de Bella.

Estaba comenzando a odiar Alaska, a pesar que era una de las mejores ciudades en las que habíamos permanecido en la última década, sin contar Forks por supuesto, no podía conseguir tener algo de paz. Una vez más como lo habíamos hecho por tantos años, estábamos montando nuestro espectáculo, sentados en una cafetería repleta de estudiantes quinceañeros, fingiendo que éramos los raros de la escuela. Pero debía ser así mientras más jóvenes empezáramos en algún lugar, más tiempo podríamos permanecer en aquel. El constante cosquilleo de los susurros parecían cada vez menos interesantes pero no podía lograr evitar que alguno pasara la barrera que ponía para mantenerlos lejos de mi mente, deslizaba mi vista entre todos aquellos humanos ensimismados en sus propios mundos de forma distraída, cuando su voz retumbo en mi mente, un hábito formado con la costumbre, Alice prefería hablarme con el pensamiento para mantener a raya los comentarios de desaprobación del resto de la familia en especial de Rosalie, sin duda ella era distinta, estábamos sufriendo ambos, pero claro a nuestra manera, Alice había perdido a una amiga yo al amor de mi existencia.

- ¿Quieres que la vea? – me preguntó sin quitarme la vista de encima, en su mirada había una chispa de entusiasmo esperando mi respuesta pero esta se apago cuando yo sacudí mi cabeza en negación.

Su expresión cambio, un tejo de enojo y otro tanto de frustración embargaron su hermosa y delicada cara, me hizo una mueca y giro su vista hacia el infinito. Perfecto, había logrado hacer enojar a la única persona en la faz de la tierra que compartía en parte conmigo aquel dolor tan grande. Suspiré y me alce sobre la mesa, se había acabo la hora del espectáculo, jamás había sido un actor y mucho menos quería mantenerme actuando como si nada cuando en verdad lo único que deseaba era morir, pero de verdad, poder descansar de su encanto. Tome la bandeja y camine como un zombie hasta el basurero. Tire intacta la fruta que había cogido como parte de la farsa en la que se había convertido nuestra existencia, estaba ahí mirando los restos de comida cuando me pregunté hasta cuándo lo soportaría, hasta cuándo mantendría esta actitud pesarosa, hasta cuándo me haría el valiente, hasta cuándo negaría lo innegable.

Apenas entre a la casa, arroje mis pertenencias en el sofá, mi vista se fijo en el piano puesto en la sala, necesitaba desahogarme, necesitaba expresar lo que sentía era como un veneno que recorría mis venas, aquellos ojos chocolates latían en mi mente, enfermizamente no podía olvidar su voz

- ¿Me amas?

Me había preguntando mirándome directo sin vacilación, desangraba mi corazón el haberle mentido de la manera más canalla que jamás alguien podría haberlo hecho, la había dejado sola en un bosque, y no había mirado atrás.

Mis dedos comenzaron a deslizarse por las teclas, tocando acordes gruesos, toscos, tristes, sin darme cuenta estaba en un estado de éxtasis tocando y tocando sin detenerme, la culpa embargaba todo mi ser

- Tú no me convienes…

Le había dicho, continuado así en mi macabro plan, alterando el orden de mis palabras, como había podido hacerle eso a ella, a la única persona que se había interesado en mí, en quien yo era realmente. Y no me había detenido en dejarla sola, en romper la promesa que le había hecho en Phoenix, había sacado todo mis recuerdos, le había quitado el regalo que había compuesto para ella, las fotografías que había tomado, como podía hacerle eso a la criatura que amaba. Era un monstruo y de los peores pensé enterrando mis dedos en las teclas y luego arrojando por la ventana el atril que mantenía abierto el cuaderno de composición.

- Edward ¿qué sucede? Me pregunto Esme mirándome con evidente preocupación en la voz.

Yo solo caí al suelo arrodillado y enterré mi cabeza en mis manos, sentí como ella se acerco y me consoló, como una madre, era increíble el cariño que Esme nos tenía a todos, la manera en que cuidaba de todos nosotros, y yo podía haber tenido una criatura así a mi lado. Podría estar hoy feliz con mi amada Bella, pero en vez de eso había sido cobarde y había permitido que la duda superara a la valentía. Había tomado la decisión más fácil, la más corta, alejarla de mí en vez de pelear por mantenerme a su lado.

Habían pasado horas de mi pequeña escena junto al piano, estaba en mi habitación sumergido en el infinito, sentado en el sofá mirando por los enormes ventanales, la verdad no sé que buscaba en aquel infinito, pero permanecer así ensimismado me daba un poco de tregua en mi sufrimiento. Estaba distraído cuando sentí que Alice entro a la habitación.

- No quise parecer insensible a la hora de almuerzo.

Me comenzó a decir a modo de disculpas, mientras se acercaba y se sentaba cerca de mí, extendió sus brazos y yo automáticamente puse mi cabeza en su regazo, ella comenzó acariciar mi pelo mientras yo cerraba mis ojos ante el contacto.

- No puedo seguir haciéndole más daño, ese es el motivo Alice, debemos alejarnos de ella, debo cumplir mi promesa.

Le dije tratando de parecer convincente.

- Te das cuenta que ni tu mismo te crees lo que dices.

Me reclamo suspirando.

Hubo un breve silencio y batalle por no pedirle que la viera, juro que quise evitar que mi dulce hermana hurgara en su futuro, o que siquiera me dijera algo, pero no pude evitar los recuerdos, recordé su sonrisa, sus ojos chocolates, su piel translucida, lo torpe que era y eso último saco una sonrisa de mi rostro, el olor de su sangre, tan embriagador, tan mortiferamente exquisito para mis sentidos y supe que había perdido la batalla.

Me levante y miré a mi dulce y alondrada Alice y no pude acallar la chispa que ella vio en mis ojos. Sonrió cómplicemente y cerró sus ojos como en un ritual, no pude evitar lo siguiente y a través de sus ojos mirar a mi dulce y amada Bella, lo que estaba viviendo ahora era la recompensa a tanto sufrimiento.

Pero nada, ni siquiera esas largas horas de agonía, me habían preparado para constatar lo que vi, no así. Verla sonriendo de la forma en la que la vi, desgarraba aún más mi corazón, ella después de todo era feliz sin mí.

Mientras las imágenes se sucedían unas a otras me percate de un detalle, tal vez para escapar al dolor que causaban estas, me fije que las visiones de Alice eran demasiado borrosas para ser un futuro cierto, pero lejos lo que me llamo más la atención fue aquella mancha blanca que siempre la rondaba, parecía ser alguien pero no se distinguía quien. De pronto su mente se puso en negro y Alice se levanto estrepitosamente de mi lado.

- Demonios

Reclamo poniéndose sus finos y blancos dedos en la cien, masajeando como si tuviera un dolor inmenso.

- ¿Qué?

Pregunte impaciente temiendo lo peor.

- No puedo verla, al menos no tan claramente como antes, es frustrante Edward.

Me explico arrugando su nariz

– No lo entiendo, porque no puedo verla

Agrego tratando de buscar en su mente algún indicio del error o de lo que estaba interfiriendo en su don. Pero yo estaba con aquellas imágenes que había alcanzado a ver, aquellas imágenes de Bella sonriendo de la forma más contagiosa posible, y de la cual no había sido testigo

Ella era feliz, me repetía una y otra vez en mi mente mientras permanecía en la penumbra de aquel bosque, estaba sentado sobre el pasto tapado por la nieve, cerca de un risco, contemplando el amanecer, estupefacto por las perfectas líneas que el sol hacia entre las nubes del cielo. No me percate que tenía compañía hasta que se sentó a mi lado.

- Esme me contó de tu incidente hace un rato.

8 comentarios:

  1. amo esta historia!!
    es una demis favoritas..
    espero que ganes liz!!
    a hacer campaña!!!

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  2. Quiero aclarar que el capítulo uno no termina ahí esta cortado... supongo que fue una cuestión de espacio. Gracias.

    Liz

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  3. *O* liz... me encantó!!!. estos tesoros de creaciones literarias tiene que estar publicados en papel... se me ocurren algunas ideas locas xD

    excelente trabajo!! por razón tienes tantas fans

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  4. soy la nori... pero me uedé metida en el mail de la comision... no me di cuenta xD

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  5. Gracias... de veras... =) me hacen feliz!

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  6. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  8. Liz hasta por acá andoo postiandoo! xd !

    Liz de verdad tienes que ganaar! , tu historiaa es muy buenaa !:P

    NikiCullen!

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